sábado, 5 de febrero de 2011

¿El "día de la salida"?


Por Adolfo Calatrava
Universidad de Granada

Si tenemos que describir con un sustantivo lo que políticos estadounidenses y europeos, además de profesores y expertos en el mundo árabe, han debido de sentir en las últimas semanas a cerca de los sucesos ocurridos primero en Túnez, ahora en Egipto, pero en definitiva en la mayor parte de los países árabes (Yemen, Argelia, Siria, Jordania…) es sorpresa. Esta sorpresa no se debe a que no hubiera causas objetivas para que ocurriesen estos levantamientos populares contra los regímenes establecidos, sino más bien a que nos habíamos acostumbrado a una “excepcionalidad árabe” en materia de democracia, se intentaba explicar académicamente y, sobre todo, entraba dentro de nuestra política exterior.

Conviene recordar que esta “sorpresa” no es nueva en la Historia: políticos estadounidenses la mostraron en los levantamientos en Hungría en 1956, en Praga en 1968, e incluso con la caída del Muro de Berlín, el levantamiento que tumbó al Sha de Persia e instauró la República Islámica de Irán o las revueltas en Irán contra el régimen hace poco más de un año, que fracasaron.

No quiero entrar a discutir en estas pocas líneas los problemas que tiene nuestra “ciencia social”, que sirve sobre todo para explicar el pasado y el presente, pero en muchas ocasiones no sabe como enfrentarse a la incertidumbre del futuro. Y es que era muy complicado predecir que la inmolación de un vendedor de fruta en Sidi Bouzid (Túnez), un joven sin esperanzas por el futuro, que además había sido humillado por agentes de policía días antes, podría haber derribado el régimen del presidente Ben Alí en Túnez, y provocar convulsiones en Egipto y en otros países árabes.

De esta forma, voy a escribir unas pocas líneas sobre lo que está aconteciendo estos días en Egipto y otros países, y lo que ha sucedido ya en Túnez. Movimientos populares, que en algún caso han sido apoyados y consentidos por las élites, que han puesto en la picota a los regímenes autoritarios de estos países. Ahora mismo Egipto (a falta de que la actualidad supere en velocidad a estas líneas), se presenta como una barrera para que esta ola no pueda extenderse por la mayoría de los países árabes.

No sé muy bien qué explicar en estos páginas, si profundizar en las causas, analizar los procesos de revuelta popular, o bien hacer escribir sobre las previsiones de los resultados. Como no quiero enrollarme, hablaré un poco de todo.

Primero tengo que decir que pase lo que pase durante estos días, si cae el Gobierno de Egipto de Honsi Mubarak hoy (viernes) si en los próximos meses en Túnez, Egipto y otros países árabes se produce un transición a un régimen de libertades, que pueda ser considerado una democracia´, o si todo esto no sucede y hay otros escenarios, en cualquier caso, las últimas semanas van a encontrar un sitio en la Historia, porque significarán un movimiento popular árabe contra sus regímenes autoritarios, que hará que todos estos regímenes tengan que llevar a cabo reformas.

En los últimos tiempos se ha hablado de la excepcionalidad democrática de los árabes, una excepcionalidad que parecía que les impedía avanzar hacia la democracia, una excepcionalidad que vinculaba esta imposibilidad con el Islam y con su herencia cultural e histórica común. Excepcionalidad que podíamos desmentir cuando países musulmanes (que no árabes) como Turquía, Bangladés o Indonesia han ido constituyendo en los últimos tiempos regímenes políticos plenamente homologables con la democracia. Esta excepcionalidad árabe es la que se pone en duda en estas semanas. Hasta el momento la única verdadera democracia que se ha conseguido entre los árabes sería Irak, y es un polvorín a punto de estallar. Pero lo que sí está claro es que es la primera vez que se produce o puede producirse un cambio de régimen en el mundo árabe que no cuente con estos tres elementos: injerencia extranjera, golpe militar o levantamiento de los fundamentalistas. Esto a pesar de que el papel de militares y islamistas es y será fundamental para entender qué pasará en el futuro inmediato, y que el apoyo de los países europeos y Estados Unidos también es y será fundamental si se quiere que los países que inicien este proceso puedan convertirse en democracias.

Hasta el momento todos los regímenes árabes (quizá menos Irak o el Líbano, que es un caso especial del que no hablaré hoy pero que puede que se encuentre en los titulares en pocas semanas) son en menor o mayor medida regímenes autoritarios, más o menos intensos, con unos ropajes de monarquías feudales (Arabia Saudita, países del Golfo), monarquías constitucionales o parlamentarias (Marruecos o Jordania) o repúblicas presidenciales (Libia, Argelia, Siria, Egipto hoy y Túnez ayer). En ellos los dirigentes (familias reales, rey, presidentes) tienen gran parte del poder, apoyados por unas élites que normalmente incluyen a una parte importante del generalato del ejército y las familias extensas. Estas élites dominan la política y controlan la economía, y por debajo se abren unas estructuras económicas muy endebles, donde la economía informal es esencial. En casi todos había elecciones, pero en la mayoría controladas, cuyos resultados no eran representativos del sentimiento popular. Los dirigentes, muy mayores, incluso habían iniciado un proceso para que sus hijos heredasen el poder, como ya hizo Bashar el-Assad en Siria, sustituyendo a su padre Hafez el-Assad, en el año 2000, ratificado por referéndum ese año y en 2007, con un apoyo de entorno al 97% de los votos. Lo mismo intentó Honsi Mubarak, presidente de Egipto (aún), de 82 años, con su hijo Gamal, hace meses, pero fue protestado por la población y por la élite.

En casi todos ellos, los islamistas y fundamentalistas son parte de la oposición, son los que llenan las cárceles. Están organizados. Están muy ligados a la sociedad tradicional, a los ámbitos rurales (y a los emigrantes de las ciudades que provienen del campo). Son parte del discurso de estos líderes autoritarios ante Occidente, especialmente Estados Unidos pero también Europa, de que si ellos caen tomarán el poder los islamistas, y con ellos los terroristas. En Egipto los islamistas son especialmente importantes, se agrupan en la organización Hermanos Musulmanes, con redes en muchos países. Además, Egipto, y sobre todo la Universidad Al-Azhar de El Cairo, es (o ha sido tradicionalmente, ya que fue fundada en el año 975) ha sido la más influyente en la formación de los doctores islámicos, los ulemas.

Otra característica común de estos países es el crecimiento demográfico de las últimas décadas con una población muy joven (más del 60% de estas poblaciones tiene menos de 25 años). Además, este crecimiento ha coincidido con el aumento de la población formada, con estudios universitarios. Un desempleo y subempleo altísimo. Sobre todo con unas expectativas de los jóvenes muy negras de conseguir trabajo.

A ésto se le ha sumado una coyuntura económica muy difícil, sobre todo en las últimas semanas cuando el aumento de los precios de los alimentos, vinculado al aumento del petróleo y los combustibles (desde diciembre los precios de los alimentos están alcanzando valores históricos), ha llevado a que se produzcan revueltas callejeras. Esto ya había sucedido hace tres años, en 2008, pero la crisis y la congelación de la demanda pararon estas subidas. Si nosotros notamos estas subidas, imaginaros en países donde el porcentaje de los ingresos diarios dedicado a la subsistencia es enorme.

Pero hay otro elemento fundamental, la corrupción extendida y poco disimulada. Esto se da en la mayoría de los países árabes, en mayor o mucho mayor medida; con una clase gobernante depredadora de la riqueza nacional, que junto a la falta de justicia social o ausencia de libertades y derechos, forman un estado de injusticia muy profundo. En Túnez esta corrupción la representaba la familia de la esposa del presidente Ben Alí, Leila Trabelsi, que daba nombre al clan que dominaba el país. En otros son la familia real (Marruecos) o los generales (Argelia), etc.

El efecto contagio ha sacudido en las últimas semanas todo el mundo árabe, desde el Yemen a Argelia, pasando por Jordania, Sudán, y sobre todo Egipto. Este efecto está muy analizado a lo largo de la Historia, y la revolución de los medios de información lo único que hace es acelerarlo.

Cada uno tiene casos especiales, que habría que analizar de manera concreta, pero en todos se ha demostrado lo siguiente:

- La descentralización de los medios de comunicación, sobre todo a través de Internet y el uso de los teléfonos móviles (es el mecanismo más habitual para conectarse a Internet en estos países, más barato) han expandido las protestas y dificultado el control por parte de los poderes públicos. Tampoco hay que olvidar el papel de Al-Jazera, que siempre se ha opuesto a estos regímenes, y que es la voz de muchas de estas revueltas (si alguien quiere saber qué pasa en estos países, Al-Jazera en la red es una fuente fundamental)

- El elemento catalizador ha sido el desempleo, la economía y el malestar social, pero detrás hay un malestar político por la falta de libertades y sobre todo una corrupción que se extiende a todos los niveles, que se demuestra en que los manifestantes quieren acabar con estos regímenes.

- Estados Unidos y la Unión Europea se han mostrado callados y muy cautos. Porque ellos (nosotros) han forjado un sistema de diplomacia y de relaciones exteriores que se basaba casi en una defensa del status quo, se primaba la estabilidad, y esa la daban estos regímenes. En la UE pedíamos reformas, pequeños pasos de reforma en libertades políticas y económicas (y quizá no podamos decir que no han tenido su efecto) pero nos conformábamos con eso. Se primaba la estabilidad sobre la democracia. Ahora esto cambiará, o debe cambiar, y en la UE los cambios son lentos. Solamente en los últimos momentos se han producido posicionamientos claros en contra de Mubarak en Egipto, sobre todo del presidente estadounidense Barack Obama

- Que las transiciones, a la espera del resultado, deben provenir principalmente desde dentro. Pero en los procesos de transición de los años setenta hasta la actualidad (incluido el nuestro), los actores externos han jugado un papel esencial. Y ese es el papel que debemos jugar nosotros, los europeos. Hoy con Túnez y mañana con cualquier otro país árabe que inicie este proceso.

Ver lo que va a suceder es más complicado, el Ejército y los islamistas son dos factores esenciales a considerar.  El Ejército es la pieza clave para entender el cambio de régimen, al menos un cambio de régimen que no pase por un conflicto civil. Cuando deja de apoyar al régimen anterior, precipita la caída. Lo hizo en Túnez y lo puede hacer hoy en Egipto. En este último país, la nueva figura clave es Ahmed Shafiq, nombrado por Mubarak para formar gobierno hace pocos días. Responsable de los servicios de información y figura elegida para mantener el ejército dentro del régimen, esencial para poder dirigir el proceso de cambio, que podría resultar en un cambio para no cambiar nada. En este sentido hay que indicar que seguro que la mayoría de los dirigentes árabes han llamado a Mubarak para darle su apoyo e indicarle que resista, que no caiga, que dirija el proceso de cambio, por los efectos en los otros países. Con 90 millones, Egipto no es sólo el país más poblado entre los árabes, sino que ha sido un foco esencial desde la segunda mitad del siglo XX para entender qué ha pasado con los países árabes, y especialmente cómo se ha articulado el conflicto con Israel, que aunque no hay tiempo para explicarlo, también jugaría un papel en todo esto.

Por último indicar que los islamistas son la oposición real en estos regímenes, Siempre se dice que si hubiese elecciones libres los islamistas llegarían al poder. Y con ellos una agenda oculta que cambiaría la faz de estos países, todas las mujeres deberían llevar velo, el Corán estaría presente en todas las escuelas, etc. y que al final podrían convertirse en Repúblicas Islámicas como Irán. Frente a estos peligros siempre se han alzado los generales, defensores del nacionalismo árabe, laico, del que son hijos la mayoría de estos regímenes autoritarios. El papel de los islamistas en Túnez no ha sido muy intenso. Pensemos que en el futuro los islamistas deberán formar parte de los regímenes, si se quiere que se consideren democráticos, en una analogía con el comunismo en España en los años setenta. Tampoco debemos olvidar que en Turquía hoy gobiernan los islamistas y son los que han profundizado más en las reformas democráticas; aunque siempre queda el peligro de Irán en la mente…

Prometo que si mi cuñado me lo pide continuaré…


Te lo ruego Adolfo.
Ximo

4 comentarios :

  1. Es curioso ver cómo conflictos de este tipo nos traen a nuestra realidad situaciones que desconocemos, y que no queremos conocer... sitios que a priori no nos interesan realmente, o que preferimos ignorar... por eso agradezco la explicación que, aunque extensa, ha sido interesante y en algunos aspectos clarificadora para alguien ignorante como yo.
    Sólo que queda preguntar, ¿sabemos predecir qué pasará? ¿más Turquías o más Iranes?... por otro lado, ¿qué prefiere Estados Unidos?... sea lo que sea, seguro que España apoyará lo que sea políticamente correcto, por lo menos de cara a la galería, ya que somos más papistas que el Papa... es como la decisión de Palestina o Israel, si apoyas una causa vas en contra de la otra, no hay una respuesta correcta, ¿o sí la hay?...
    Espero que nos puedas aclarar algo sobre este tema más adelante...

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  2. Una cosa me hizo dudar mucho el otro día al respecto de todo ésto: la "exigencia" por parte de EEUU en boca de Hillary Clinton (sin dobles lecturas) de que Gobierno y oposición de Egipto consensuaran un acuerdo. Quien daba la noticia era Vicente Vallés (Noticias 24h TVE) y aseguraban que el "sucesor" era un antiguo militar "colocado" por los yankees (no recuerdo su nombre). ¿És ésto cierto? ¿Interesa un régimen islamista? ¿una democracia?... a americanos y europeos me refiero claro...

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  3. Parece complicado saber cual va a ser el desenlace. Está claro que la diplomacia norteamericana desplegará todo su potencial para intentar tutelar el hipotético cambio. También parece claro que el papel de Europa seguirá siendo de mera comparsa. En este sentido, cual es tu opinión, si como parece la influencia de los americanos será mal recibida por la oposición islamista, ¿puede jugar un papel preponderante la “alianza de civilizaciones” promovida por el gobierno Español?

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  4. Adolfo Calatravamartes, 08 febrero, 2011

    Antes de nada quiero pedir disculpas por haberme extendido tanto, no estoy acostumbrado a escribir en blogs.
    También quiero una errata: Ahmed Shafiq no era el antiguo dirigente de los servicios de información, sino el Comandante del Ejército del Aire.
    La persona de confianza de Mubarak, su confidente, es Omar Suleiman, nombrado vicepresidente, persona encargada de los servicios de información y por tanto muy relacionada con Estados Unidos (como dice Ximo).
    Este es por quien han apostado todos (menos quizá los manifestantes) para evitar que la revuelta consiga tumbar al Gobierno y se acentúe el efecto contagio en otros países: Argelia, Yemen y Kuwait; pero también Siria o Jordania.
    Mucha gente dentro y fuera está interesada en que las cosas se tranquilicen. Eso no tiene porqué ser malo (para la democracia), si luego verdaderamente se produce una transición, con la participación de todos, pero supongo que esto no convence a los egipcios... que se vaya Mubarak es un símbolo, si no se va es que no han conseguido una victoria.
    A Occidente no le interesa nada "otro Irán"; pero tampoco creo que le interese a ningún país árabe. En cambio a todos le puede interesar una transformación "ordenada", el problema es qué significa este término. No será igual para la gente de la calle que para las elites que quieren que "algo cambie para que todo siga igual"
    En todo caso, solo habrá cambio si pueden participar los islamistas.
    Esta mañana hablando con un diplomático español, nos hacíamos la misma pregunta ¿dónde está la Alianza de Civilizaciones? ¿Dónde está Europa? Como no tiene liderazgo se queda a esperarlas venir. El papel, hasta el momento de anti-líder.
    En cambio, la posición de los americanos es esencial, ellos dan más mil millones de euros anuales -después de Israel es al país a que más ayuda da-. Siempre los silamistas echarán la culpa a Estados unidos, eso es parte del juego.
    La cosa es que esta situación la podemos ver desde múltiples puntos de vista: revueltas populares para democratizar el país, "el peligro islamista radical", el petróleo, Israel, La UE -que debe rediseñar toda su política euromediterránea-, etc.

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