miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Habrá reforma del Tratado de la Unión Europea? ¿Refundación?


Un nuevo tratado europeo, a 27 o a 17 –los países de la zona euro-, que fije estrictas normas de reducción del déficit y control de las cuentas públicas de los Estados miembros, debería ver la luz a más tardar el próximo mes de marzo, de acuerdo con los planes de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel. Reunidos el domingo en París, el presidente francés y la canciller alemana, cerraron finalmente un acuerdo bilateral sobre un paquete de medidas para intentar poner fin a la crisis de la deuda y restablecer la confianza de los mercados financieros. El acuerdo será sometido al resto de los miembros de la Unión Europea en la cumbre que se abre la noche del jueves en Bruselas. "Pensamos ir a marchas forzadas", aseguró Sarkozy.

El nuevo tratado, cuyos detalles acabarán de concretarse de aquí al miércoles (hoy) –momento en que París y Berlín enviarán una carta exponiendo sus propuestas al presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy-, deberá incluir el establecimiento de "sanciones automáticas" a aquellos países que incumplan el límite de déficit del 3%; la adopción de una "regla de oro" armonizada que prevea la obligación constitucional en cada país de regresar al equilibrio presupuestario; la consolidación del Fondo de Estabilidad financiera a partir de 2012; la adopción, en el seno del pacto de estabilidad, de la norma de la mayoría cualificada; y la constitución de una suerte de gobierno de la zona euro integrado por los jefes de Estado y de Gobierno de los 17, que mientras dure la crisis se reunirá con una frecuencia mensual.

Por lo que respecta a la participación de la banca privada en la resolución de la crisis, Sarkozy y Merkel se pusieron de acuerdo en limitarla al caso de Grecia y aplicar la jurisprudencia del Fondo Monetario Internacional (FMI). "No se puede comparar la economía de países como Italia o España al caso de Grecia", subrayó el presidente francés, quien aseguró que el mensaje de Europa debe ser el de honorar sus deudas.

Ambos mandatarios se expresaron contrarios a la mutualización de las deudas, a través de euro-bonos o euro-obligaciones, y confirmaron asimismo su acuerdo en garantizar la absoluta independencia del Banco Central Europeo (BCE), en línea con las exigencias inamovibles de Berlín. Ello no quiere decir, sin embargo, que el BCE no vaya a actuar de forma más determinante en la crisis –aumentado la compra de deuda de los países en situación difícil-, pero en todo caso se hará sin que aparezca como una injerencia política. Y sin que en ningún caso pueda parecer que el BCE se erige en el último recurso.

Si Sarkozy ha renunciado a sus aspiraciones en este terreno –al menos públicamente- ha conseguido que Merkel acepte el nivel intergubernamental como instancia de control del pacto de estabilidad –y no la Comisión Europea-, y que el papel del Tribunal Europeo de Justicia se limite a verificar si las "reglas de oro" de cada país cumplen la letra y el espíritu del nuevo tratado, sin poder anular los presupuestos nacionales.

Sarkozy y Merkel expondrán sus propuestas a sus socios a partir del jueves en Bruselas y allí se verá si el nuevo tratado tiene alguna viabilidad a 27 –difícil habida cuenta las reticencias del Reino Unido y otros países- o ha de limitarse a los 17 miembros de la zona euro. En todo caso, ambos confían en que este paquete de medidas lleve de nuevo la tranquilidad a los mercados y restablezca la confianza.

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