jueves, 1 de diciembre de 2011

La lucha contra el SIDA


Por Carlos Santamaría Ochoa

Muchas enfermedades relativamente nuevas tenemos los seres humanos; antes, los bisabuelos o sus abuelos morían “de viejos”, o por una “dolencia” sin especificar exactamente qué era.

Es probable que muchos de estos casos tuvieran en sí padecimientos difíciles, de esos que hoy en día la ciencia se ha encargado de descubrir y poner en el tintero de los especialistas, y que han sido motivo de innumerables estudios, avalados y apoyados por la tecnología de que hoy disponemos.

Lejos están los tiempos en que los estetoscopios no existían siquiera y para escuchar al bebé en el vientre de la madre se tomaban instrumentos metálicos que semejaban conos: ha cambiado mucho el panorama, y con él, el descubrimiento de nuevas enfermedades. El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, conocido como SIDA es una de las enfermedades que podríamos decir, son “nuevas”, aunque quizás hubiera gente que moría por causas atribuibles a ella hace muchas décadas.

El SIDA mata, es incurable y se perfila como uno de los grandes retos de la ciencia médica, junto con el cáncer, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial, que son causas de millones de muertes al año.

No tenemos, al momento de escribir estas líneas, datos sobre el SIDA en Tamaulipas y México o el mundo, pero sabemos que muchas personas han sido víctimas del mismo, aunque muchos, a base de medicamentos llamados retrovirales han logrado mejorar su calidad de vida o extender su existencia. La ciencia va muy rápido y lo entendemos, pero ciencia sin conciencia no funciona, y eso también está más que claro en nuestra mente.

Se relaciona al SIDA con prácticas de riesgo en la población y se estigmatiza a quienes viven con el virus de referencia, sin pensar en las muchas causas por las que la gente llega a contagiarse, a enfermar y condenar su existencia.

No podemos más que desear que los investigadores encuentren algo que pueda detener el progreso de esta enfermedad, así como de muchas otras. En ese sentido, entendemos que la Secretaría de Salud en Tamaulipas ha establecido una serie de estrategias que van encaminadas a propiciar que haya menos riesgos. Se tienen que tomar medidas en todos aspectos, y muchas de ellas son producto de la responsabilidad –o no- que podamos tener los ciudadanos que, finalmente, somos los que enfermamos.

No es válido culpar a los demás ni evadir la responsabilidad y medidas a llevar a cabo, las conocemos de sobra y la decisión será totalmente nuestra, pero entendemos que la autoridad está preocupada por el incremento que pudiera haber de casos y refuerza con campañas como la del día de hoy que, en todo el mundo, trata de crear conciencia para que no se presente el número de contagios que nos ocupa y preocupa a todos.

El SIDA es mortal y hay que verlo así, por lo que es muy importante, si deseamos vivir en el filo de la navaja, entender cuales son los riesgos y por lo menos tratar de evitarlos.

No condenar a ningún colectivo social es determinante: no es culpa de unos u otros: todos los colectivos merecen el respeto y reconocimiento social, y si no estamos de acuerdo con su forma de vivir, es menester respetarla y ya, pero no condenar a nadie, para eso existe libertad en varias facetas en nuestro país, aunque en algunas pareciera que no la hay.

Ocupémonos por orientar a nuestros hijos y evitar que haya todos esos conflictos de acciones, pensamientos y consecuencias.

Suponemos que hoy habrá muchos eventos en nuestra entidad, y que la Secretaría de Salud en Tamaulipas, como siempre lo hace, organizará un importante acto y distribuirán información útil para todos nosotros. Búsquela, léala, compréndala y compártala con los que tenga más cerca.

Puede ser la diferencia entre vivir bien y no hacerlo. En el día mundial del SIDA todos tenemos que hacer algo, y eso lo tenemos que grabar bien en nuestra mente.

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