miércoles, 25 de enero de 2012

Bankia-Caixa: un vuelco del poder político y financiero


Por José Antonio Zarzalejos

La piedra en el zapato del Gobierno para abrir el melón de la reforma del sistema financiero -en realidad, de las Cajas de Ahorro- tiene un nombre: BFA-Bankia, presidida por Rodrigo Rato y que agrupa a la antigua Caja Madrid, Bancaja y cinco entidades de ahorro más. Bankia representa casi un 25% del sector de las cajas y un 10% del financiero español en su conjunto. De tal manera que es condición necesaria, aunque no suficiente, para el buen fin de la reforma que pretende De Guindos que esa entidad adopte una de estas dos decisiones: 1) fusionarse, o, alternativamente, 2) comunicar al ministro de Economía y Competitividad que está en disposición de provisionar la disminución del valor de su amplia cartera de activos inmobiliarios, muchos de ellos tóxicos, aunque sea con cargo a reservas.

Rato no tiene ya la escapatoria del llamado ‘banco malo’. Rajoy lo ha descartado por su enorme coste para los contribuyentes. Y el Gobierno del PP ha comunicado a un sector con sobrecapacidad que se han acabado lassalidas a Bolsa patrióticas (como la de Bankia en julio pasado) yoperaciones de absorción como la de la CAM por el Sabadell, de altísimo coste para las arcas públicas. De ahora en adelante las cajas malas -en el formato en el que se camuflen- o se fusionan o van directamente a liquidación. Bankia no tiene posibilidad de elevar las provisiones tanto cuanto el Gobierno cree necesario, y en los plazos más cortos posibles, y exige el mercado y la EBA -no pudo con el Banco de Valencia, ejemplo de su impotencia- de tal manera que la salida es una fusión. Y de entre los emparejamientos posibles, el que parece más probable -incluso, en determinados ámbitos se considera “el único”- es con CaixaBank.

El racional económico de una fusión rápida entre Bankia y CaixaBank está ahora en estudio intenso -fase distinta a la de negociación, que fue desmentida por Isidro Fainé el miércoles pasado- y los resultados obtenidos son desiguales: la complementariedad de mercados parece cierta porque el área prioritaria de acción territorial de la entidad resultante sería todo el centro de España, Cataluña y Levante, con un masa crítica demográfica importantísima; también es coherente por la naturaleza jurídico-financiera de las dos entidades -en origen, un conjunto de cajas-, la suma de activos alcanza el medio billón de euros y entre ambas disponen de una red de más de 9.000 oficinas. En el mercado hipotecario tienen, sumada, una cuota del 22% y en el de depósitos, del 20%.

El nacionalismo vasco y el catalán migran -como nos recuerda Patxo Unzueta con su habitual lucidez- del independentismo tradicional al autogobierno financiero: el nuevo nacionalismo periférico en España es económico. De ahí que Mas haya encapsulado la soberanía de Cataluña en el pacto fiscal con el que culminaría el “derecho a decidir”.

Es verdad, por otra parte, que los riesgos de Bankia por su cartera inmobiliaria son muy altos; que habría que sajar duplicidades; reducir empleo (ahora ambas entidades emplean a 50.000 personas con una ratio de ingreso bajo por cada una de ellos) e, inevitablemente, la Comisión Nacional de la Competenciaexigiría a la entidad resultante desinversiones de cierto calado en su cartera industrial porque Bankia-CaixaBank son accionistas de Iberdrola, Repsol, Gas Natural-Unión Fenosa… sólo en el sector energético. La financiación de la operación no podría contar, sin embargo, ni con fondos del FROB ni de Garantía de Depósitos, pero se considera viable la emisión de bonos convertibles contingentes-cocos- que podría adquirir el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera si en la UE hay voluntad, y parece que la hay, de ayudar a que el sistema financiero español de las cajas se sanee. Las cifras que se barajan para engrasar la fusión varían demasiado para darlas por ciertas: van desde los 10.000 a los 25.000 millones.

Pero tanto el Gobierno central como la Generalitat de Cataluña están por la labor de impulsar la operación y de hacerlo precisamente ahora,sin tardar, para aprovechar el momento de extraordinaria liquidez que el BCE ha proporcionado al sistema financiero de la eurozona y que durará, al parecer, unos meses. El tiempo corre en contra de un buen saneamiento del sistema financiero español, razón por la que Rajoy -después de hablar con los dirigentes de la UE- ha tocado a generala a sus ministros para que pongan en marcha de inmediato las reformas estructurales. La opción no entusiasma a Rodrigo Rato porque su entidad será la absorbida, pero, en compensación, Isidro Faine y Juan María Nin, le ofrecerán posibilidades de visibilidad y funciones que -aunque no le mejoren su ya elevado sueldo de casi 2,5 millones de euros y que cayó como una bomba en el Consejo de Ministros del pasado 5 de enero- serán más generosas y con menor conflictividad de desarrollo que las condiciones que le impondría unaFrancisco González que se ha blindado en la presidencia del BBVA ‘por si las moscas’, elevando la edad de jubilación de los consejeros y del presidente y garantizándose el sillón unos cuantos años más.

Rato tiene el pequeño inconveniente, para unos y para otros, de que es más joven que el ya citado González y que el igualmente citado Fainé y, otro añadido: fue el vicepresidente del Gobierno de Aznar de 1996 a 2004, director-gerente del FMI -con espantada de por medio- y reclamado en su momento por Rajoy para ocupar la presidencia de Caja Madrid en sustitución de Miguel Blesa, cargo al que aspiraba Ignacio González, el segundo deEsperanza Aguirre. Además, pese a todos los pesares, el asturiano es hombre apreciado en las filas populares y tiene en ellas seguidores incondicionales que ahora desempeñan cargos políticos de gran responsabilidad. O sea, que Rato es mucho Rato.

Pero tan esencial como el racional económico de estas operaciones, lo es el político. Y aquí la fusión cuadra a la perfección, aunque hay que contar con la renuencia de la Comunidad de Madrid. Una operación de estas características consagra una larga relación -si no de afecto, sí de conveniencia- entre el PP y CiU, estableciendo un eje financiero entre Madrid y Barcelona, con una derivada a Valencia y otra al País Vasco por sorprendente que esto último pueda parecer. En Kutxabank -el banco que agrupa a las tres cajas vascas y que preside Mario Fernández, ex vicelendakari del PNV- el reparto del órgano de administración se ha realizado entre nacionalistas y populares, dejando al margen, por supuesto, a Bildu pero también a los socialistas ¡que están en el Gobierno de la Comunidad! El nacionalismo vasco y el catalán migran -como nos recuerda Patxo Unzueta con su habitual lucidez- del independentismo tradicional al autogobierno financiero:el nuevo nacionalismo periférico en España es económico. De ahí que Artur Mas haya encapsulado la soberanía de Cataluña en el pacto fiscal con el que culminaría el “derecho a decidir”.

Al PP de Rajoy le encaja un entendimiento con CiU y con el PNV que recaben estas cuotas de poder económico-financiero a cambio de que los mercados se comporten como herramientas de cohesión interna y eleven la dependencia recíproca de las comunidades españolas. Es decir, que hayamás España. Se trataría así de ir creando nuevas razones de integraciónque amortigüen los enormes chirridos del modelo de Estado español por los tirones independentistas de Euskadi y Cataluña. Si en la primera, el PP -pese a apoyar en Vitoria al PSE- se ha arreglado con el PNV en Kutxabank, hará lo mismo en Barcelona. Ambos partidos, además, están preparando el terreno. El error político de la minoría catalana de votar negativamente la investidura de Rajoy se subsanó con el respaldo de la federación nacionalista al Real Decreto-Ley de medidas urgentes presupuestarias, tributarias y financieras del pasado 30 de diciembre. El PP en Cataluña ha despejado a CiU el camino de los Presupuestos y le apoya en el Ayuntamiento de la capital. Es decir, las prestaciones son mutuas y de equivalente valor.

En este escenario, la fusión Bankia-CaixaBank -con una sede social y otra operativa para mantener el equilibrio entre Madrid y Barcelona- adquiere todo el sentido político si, como parece, también logra disponer de la mayor racionalidad económico-financiera. La operación es estratégica, de enorme calado y de honda raíces porque contribuye -tras los vuelcos electorales del 22-M y del 20-N del pasado año- a consolidar el papel del PP en la gobernación del Estado al menos por dos legislaturas, obligando a los nacionalistas a cambiar su pareja de baile permanente durante estas últimas décadas: el PSOE.

La escenografía se completaría -siempre según una previsión optimista de lospopulares- con una victoria por mayoría absoluta en Andalucía el próximo 25 der marzo. Javier Arenas entraría en la liza para centro-sur de España con un catalizador financiero de primer orden: Unicaja, que se convertiría, con otras menores, en el contrapeso al eje Madrid-Barcelona, con afluentes en Bilbao y Valencia. Luego vendrían iniciativas complementarias: BBVA y Caixa Catalunya. Y liquidaciones para las entidades que no puedan subsistir porque no aguantarán el tirón de las exigencia de una reforma financiera que pondría a Luis de Guindos dónde quieren muchos, dentro y fuera del PP, es decir, en la senda de una vicepresidencia que comienza a echarse en falta. Y todo esto tiene que estar resuelto antes de que el domingo de Resurrección amanezca azul en la catedral de Sevilla. Hasta que no haya un vuelco del sistema financiero, no se producirá de manera efectiva el correlativo vuelco del poder político. El PP y el Gobierno lo saben. La posible fusión Bankia-CaixaBank es pieza esencial de la nueva arquitectura del poder en España.

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