martes, 24 de enero de 2012

Pau, diez años en la NBA


Cuatro puntos y cuatro rebotes en 17 minutos saliendo desde el banquillo. Esa fue la tarjeta de presentación oficial de Pau Gasol en partido oficial de Liga en la NBA. Fue hace 10 años, el 1 de noviembre de 2001 en La Pirámide ante los Detroit Pistons. "No se ha visto al verdadero Pau pero que nadie dude de que voy a seguir dando el callo", dijo nada más acabar el partido dejando claras sus metas: "Voy a hacerlo mucho mejor. Mi margen de mejora es amplio y creo que puedo hacerlo bastante bien. Quiero ser un gran jugador ya en esta temporada".

Pau no tenía dudas. Creía en él ciegamente pese al 'alentador' mensaje de despedida que le dio unos meses antes un directivo azulgrana cuando Gasol decidió irse a la NBA abonando los 425 millones de pesestas e su cláusula: "Pau, el año que viene volverás con el rabo entre las piernas". Se cubrió de gloria.

Los nervios y la presión le jugaron una mala pasada al ala pívot español, que se estrenó con un mate tras una asistencia de Jason Williams. Sin duda fue el día más gris de Pau en sus primeros cien días en la NBA. Una aventura que arrancó el 22 de septiembre cuando Gasol puso rumbo a Memphis desde Barcelona.

Ese gris debut en el que Pau pagó la novatada hizo más fuerte al ala pívot catalán. "Cuesta pensar en ello ahora que han pasado 10 años. Da vértigo", explicaba a MARCA. El resto es muy conocido. Aquel año terminaría como novato del año, el primer europeo en conseguirlo, después llevaría a los Grizzlies a territorios insospechados, los playoffs, más tarde llegaría el traspaso a los Lakers, donde ha hecho historia junto a Kobe Bryant.

Es una película muy conocida ya para todos los públicos. Entonces parecía de aventuras. Hoy una epopeya. La forja del mito al que cuesta encontrarle parecido con el espigado, imberbe y teñido de rubio que vivió una ascensión meteórica desde el Barça a la NBA.

El Boeing 767 de Delta tenía como destino Atlanta, pero en realidad parecía un viaje a lo desconocido. Fernando Martín, el pionero, había demostrado 15 años antes que no era imposible dar el salto a la NBA. Incluso con el recuerdo inspirador de aquella gesta, Pau Gasol se sentó en su asiento, en la fila 5, como si fuera el inicio de una gran aventura hacia territorios inhóspitos. Así empezó su gran historia en la mejor Liga de baloncesto del mundo, los primeros pasos de un periplo extraordinario que hoy cumple 10 años.

“¿Estás seguro de lo que vas a hacer?”, le preguntaron sus familiares mientras le decían adiós con lágrimas en los ojos en la terminal de El Prat. Entonces, en torno al ala-pívot catalán, ahora consagrado como leyenda del deporte español, las dudas ganaban a las certezas y los prejuicios competían frente a sus evidentes posibilidades. El miedo al fracaso era atroz, una fuerza capaz de despertar al sueño del éxito. Había mucho en juego y no sólo su carrera como jugador de baloncesto. También su estabilidad económica y familiar. Efectivamente, el vuelo de Pau le llevaba a una galaxia muy lejana. Así fueron sus primeros, y tormentosos, días en otro mundo.

Pau se desplazó a Estados Unidos 11 días después del atentado al World Trade Center. El planeta estaba en estado de alarma. Imposible disimular el nerviosismo por una u otra razón. En Atlanta, Pau pierde al avión de enlace que le iba a llevar a Memphis. Se le puede ver sentado en la cinta, esperando cinco o seis maletas que no acaban de salir y que después no caben en el carro, con las manos en la cabeza, deseando ver a Arturo Ortega, su agente, que volaba desde Madrid y no acaba de llegar. En la aduana le preguntan si va a jugar para los Hawks: “Voy a Memphis”, responde. Sólo era la segunda vez que cruzaba el Atlántico. Ilusionado ante la oportunidad de jugar en la Meca del baloncesto tras una salida más o menos complicada del Barça y la temporada del boom en la ACB y con la selección, todo le preocupaba.

"Cuesta pensar en ello ahora, tras pasar 10 años, da vértigo"
“¿Quién me recibirá en Memphis? ¿Cómo serán los primeros entrenamientos? ¿Me apañaré con el inglés? ¿Cuánto tardará mi familia en llegar? ¿Habrá Play Station en la habitación del hotel? ¿Qué coche tendré?”. Eran incógnitas que resolvió en su primera semana en la ciudad de Elvis, pero que en aquellos días le mortificaban. Interrogantes cotidianas que moraban debajo de una gran cuestión: “¿Me saldrá bien todo esto? ¿Merecerá la pena?”

Ahora, con la perspectiva de lo vivido, con los anillos en la mano, uno de los diez mejores contratos de la competición y la condición de all star perenne, parece sencillo responder. En 2001 nadie se atrevía a ser tajante, aunque las perspectivas eran estupendas. Todo mejora al llegar. Le reciben con una limoussine. Allí estaba Shane Battier, estrella del baloncesto universitario, también seleccionado por los Grizzlies. El detalle le emociona. Anda algo desubicado por el jet-lag y se aloja en el hotel Marriot, muy cerca de la Piramide donde juega su equipo. Le sorprende la rapidez vertiginosa con la que baja el ascensor, casi a plomo. Todo era distinto en América.

Al día siguiente, jornada que en su agenda estaba prevista para aclimatarse a su nuevo horario -siete horas menos- y conocer un poco la ciudad, un empleado de los Grizzlies le lleva a un instituto, el Rhodes College, donde realizará su primer entrenamiento.
Pau, tan seguro de sí mismo hoy, no se enteró de nada. “Me siento hecho mierda”, dijo al acabar. Ni siquiera le dieron una camiseta con el 16, lució una con el doble 0 muy representativa de su rendimiento en la cancha. Los veteranos y temporeros que buscan un contrato le humillan. Es novato, blanco, europeo, número 3 del draft, por su culpa han traspasado a Abdur-Rahim, un viejo amigo de la plantilla, es muy delgado y endeble. Carne de cañón. A Pau sólo le faltó llorar. Pero no por la ampolla del pie que le salió tras estrenar botas.

Una duda asaltaba su cabeza esos días: "¿Me saldrá bien esto?"
El instinto de superación, en esos días latente, le ayudó a sobrevivir después de las primeras 48 horas en el baloncesto americano. El reto de demostrar que podía estar en la NBA fue decisivo en aquellas jornadas. Es una constante que ayuda a entender la carrera de Pau: siempre quiso ser mejor y no le importó saltar una y otra barrera. Nunca se conformó. El siguiente entrenamiento, en el mismo sitio, es espectacular. “Como te achantes, estás muerto”, decía. Si lee esto Ricky Rubio, le vendrá bien dentro de unas semanas.

Ya le han traído un coche, un Cadillac Escalade, le han puesto la Play en su habitación del hotel, vital para los ratos de ocio, y le enseñan a granel residencias de más de un millón de euros, pero sobre esto último no se decide. Prefiere esperar a sus padres. Ha visitado Graceland y también Beale Street. Le piden el pasaporte para entrar porque no se fían de su edad. Todos éramos más jóvenes.

Conoce a los periodistas que seguirán a los Grizzlies en el 'media day'. En esos días sale en 'The Commecial Appeal' una columna donde se le presenta a la afición con una frase que alimenta los recelos. “Mas vale que sea bueno”. Es un bicho raro, un español sin pasado en el basket americano, un personaje exótico a ojos de la América profunda. Los empleados de los Grizzlies escriben mal su nombre. Ponen 'Pao Gasol' en vez de Pau en el cartel de la mesita redonda dónde él debe hablar con los periodistas. Tan natural como siempre, el catalán coge un rotulador y lo borra. Pone una u. Se dirige en inglés. Está más suelto que cuando llegó.

“Cuesta pensar en ello ahora que han pasado 10 años. Da vértigo”, dice. El resto es muy conocido. Aquel año terminaría como novato del año, el primer europeo en conseguirlo, después llevaría a los Grizzlies a territorios insospechados, los playoffs, más tarde llegaría el traspaso a los Lakers, donde ha hecho historia junto a Kobe Bryant. Es una película muy conocida ya para todos los públicos. Entonces parecía de aventuras. Hoy una epopeya. La forja del mito.

1 comentarios :

  1. En Europa Pau no tiene techo. No tiene rival. No lo pudo demostar a nivel de clubs cuando todavía jugaba en el Barcelona porque se fue antes de explotar como jugador. Pero a nivel de selección, se vió en el ultimo Europeo conquistado por la ÑBA, que en Europa va sobrado.
    En la NBA ya es otra cosa. Nunca será el jugador franquicia, pero cierto es que es el complemento ideal para el crak del equipo, como en los Lakers Cobe Bryant.
    Se le tacha de blando, y algo hay de cierto, aunque por contra se mueve con una rápidez y cordinación propia de bases o escoltas.
    Sin duda el mejor jugador español de todos los tiempos. Tanto a nivel de reconocimiento como de títulos. Sólo le falta el oro olímpico y una Copa de Europa de Clubs. Tiempo al tiempo...

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