martes, 28 de febrero de 2012

Las FARC, último vestigio de la lucha armada


Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), último vestigio de una rica historia guerrillera en América Latina, asisten a un momento coyuntural para una paz duradera en ese país que exige que depongan de una vez las armas, según coinciden analistas y legisladores en EEUU.

El grupo guerrillero, que va perdiendo líderes, influencia y apoyo, ha prometido abandonar la práctica de los secuestros como estrategia de negociación, algo que si cumple abriría la puerta al diálogo de paz en Colombia, inmersa en un conflicto armado de casi medio siglo.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, considera que el anuncio del domingo de las FARC, que también se comprometió a liberar a los diez militares y policías que aún tiene en su poder, es "un paso importante y necesario, pero no es suficiente".

En Washington, tanto la Administración del presidente Barack Obama como líderes del Congreso y expertos consultados por Efe le dan la razón, e insisten en que la pacificación en Colombia exige que la guerrilla deje para siempre la lucha armada.

Neda Brown, una portavoz del Departamento de Estado, dijo que EE.UU. creerá las promesas de la guerrilla cuando las cumpla, y respaldó el llamado de Santos a que las FARC "renuncien a toda violencia y actividades al margen de la ley, y liberen a todos sus rehenes".

El recelo en Washington obedece a que, durante la década de 1980, la guerrilla también hizo una promesa semejante al entonces presidente Belisario Betancur, pero no la cumplió.

Para la legisladora republicana Ileana Ros-Lehtinen, las FARC no merecen "alabanzas" porque "sigue usando la violencia contra civiles en sus esfuerzos por desestabilizar Colombia y el hemisferio occidental".

Las FARC "han hecho un gran daño a la paz y la democracia, y deberían abandonar y renunciar a todas sus funestas tácticas de inmediato", argumentó Ros-Lehtinen, presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.

Eliot Engel, el demócrata de mayor rango en el subcomité para el Hemisferio Occidental, tachó a las FARC de "brutal pandilla de malhechores, narcotraficantes y asesinos" que han sembrado el terror en Colombia durante años, y sus acciones dicen más que sus palabras.

"Aunque quizá tuvieron hace tiempo una plataforma política, se han convertido en un grupo terrorista. La liberación de los rehenes... es buena, pero estoy de acuerdo con el presidente Santos: las FARC deben liberar a todos los prisioneros, poner fin al narcotráfico y asesinatos, y cesar toda actividad terrorista contra los civiles y el Estado", puntualizó.

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, considera que se abre una coyuntura para Colombia, en unos momentos en que el deterioro de la salud del presidente venezolano, Hugo Chávez, conlleva grandes repercusiones para las FARC, que han usado a Venezuela como refugio y tienen la simpatía de Caracas.

En todo caso, las FARC "están mostrando señales de agotamiento y saben que prácticamente no tienen ningún apoyo popular en Colombia" y aunque Santos procede con entendible cautela, "quiere sentar un legado como el presidente colombiano que puso fin a un conflicto prolongado en su país, y eso esa una tentación irresistible", observó.

El Gobierno de Washington es parte interesada en la evolución del conflicto, dada su larga presencia en el país andino.

La dinámica del conflicto en Colombia cambió tras la puesta en marcha en 2000 del "Plan Colombia", en el que EE.UU. ha invertido desde entonces unos 8.000 millones de dólares para combatir el narcoterrorismo.

El conflicto civil, el más prolongado en el continente, ha dejado casi cuatro millones de desplazados desde 1997, cuando el Gobierno empezó un registro oficial de esa categoría.

El creciente aislamiento político de las FARC ayudaría a reactivar el diálogo que colapsó hace diez años, según expertos.

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