lunes, 12 de marzo de 2012

La generación “nimileurista”


Desconocía quién había acuñado el término “mileurista” y según he podido saber, en agosto de 2005, una joven catalana llamada Carolina Alguacil escribió una carta al periódico “El País” titulada “Yo soy mileurista” quejándose de la precariedad laboral de su generación. En su edición digital y hablando sobre este mismo tema, este medio publica lo que dijo Carolina: “El mileurista es aquel joven, de 25 a 34 años, licenciado, bien preparado, que habla idiomas, tiene posgrados, másteres y cursillos. Normalmente iniciado en la hostelería, ha pasado grandes temporadas en trabajos no remunerados, llamados eufemísticamente becarios, prácticos (claro), trainings, etcétera. Ahora echa la vista atrás, y quiere sentirse satisfecho, porque al cabo de dos renovaciones de contrato, le han hecho fijo (…) Lleva tres o cuatro años en el circuito laboral, con suerte la mitad cotizados (...). Lo malo es que no gana más de mil euros, sin pagas extras, y mejor no te quejes. No ahorra, no tiene casa, ni coche, ni hijos, vive al día. A veces es divertido, pero ya cansa (...)”.

Sin embargo hoy en día está en vigor el término “nimileurismo” que no es más que una versión más precaria todavía…

“Antes éramos mileuristas y aspirábamos a más. Ahora la aspiración es ganar mil euros”, resume la propia Carolina en dicho artículo. “Ni mucho menos me imaginaba yo entonces que la cosa iba a ir a peor”. Ella ya no es mileurista, pero no cree que gane lo que debería: “No me conformo”.

Desde entonces las perspectivas económicas y laborales han cambiado mucho. España crecía a un 3,6% y se soñaba con entrar en el G8. La venta de pisos iba a un ritmo frenético. Nadie sabía lo que se avecinaba. Una crisis sin precedentes que amenaza hasta con destrozar un proyecto trabajado y elaborado durante muchos años y con muchas dificultades: la Unión Europea. Grecia está al borde del abismo. Portugal e Irlanda han tenido que ser rescatadas. Y España, ahogada por el paro, se zambulle de nuevo en la recesión con otros 30.000 millones en recortes encima de la mesa.

El paro juvenil en España alcanza el 49,9%, según los datos de Eurostat para enero de 2012. La media europea es del 22,4%. Ante este panorama, miles de jóvenes están desorientados. En 2005 el paro juvenil rondaba el 20%. Ahora se acerca al 50% cuando la media europea es del 22,4%. La generación mejor preparada tiene las peores perspectivas desde la Transición y se siente víctima de los excesos de otros. El 15-M o las protestas estudiantiles de las últimas semanas dan muestra de su indignación. Hasta ahora, muchos de estos jóvenes han contado con la ayuda de sus padres. Pero a algunos se les ha agotado ese colchón. Todos los indicadores han empeorado, altísimo desempleo, alta temporalidad y bajos salarios. No hay ni un dato que haga albergar algún tipo de perspectiva positiva.

Se culpa mucho a la sobrecualificación que afecta al 37% de los menores de 30 años con título universitario o FP superior. En España viven 10.423.798 personas de entre 18 y 34 años. Su ingreso medio neto (incluyendo a los parados), es de 824 euros al mes. Y los que están trabajando, ganan de media 1.318 euros mensuales (datos del Consejo de la Juventud de España). Profesiones que parecían a salvo del mileurismo, ya no lo están. La Politécnica de Valencia siguió los primeros pasos laborales de ingenieros y arquitectos que se licenciaron en 2008: uno de cada cuatro no llegaba a mileurista. Y lo que es más grave: el nimileurismo había avanzado un 8% respecto a los graduados un año antes.

Ese pánico, que avanza de la mano de la crisis, se ceba con los jóvenes. Ya en 2005 una encuesta planteó a diversos grupos de edad si sentían que su empleo era seguro. Sólo un 13% de los menores de 24 años respondió afirmativamente, frente a un 37% de los empleados de entre 45 y 54 años.

Según Eurostat al 54% de los jóvenes españoles le gustaría crear su propia empresa. Mientras, el nuevo Gobierno dibuja las nuevas reglas de juego que marcarán el rumbo de la economía. De momento, su oferta más relevante para esta generación es una reforma laboral que a medio plazo potenciará la ocupación de los jóvenes, pero que también bajará los sueldos. “La reforma insiste en lo que otras veces ya se ha hecho: abaratar el empleo juvenil respecto al resto, una forma de reconocer la impotencia del mercado laboral español”, dice Santos Ruesga, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid. “La reforma defiende un modelo de generación de empleo basado en unos costes más bajos, esa es nuestra apuesta para competir en un mundo global, que se traducirá en peores condiciones para los jóvenes. Como estrategia de desarrollo me parece una locura”.

“Es muy serio lo que está pasando”, dice la socióloga Almudena Moreno, que ha realizado numerosos estudios sobre juventud. “Cada semana me llaman expertos de otros países a consultarme. Todo esto se traduce en una grave pérdida de capital humano. Tenemos pocos jóvenes, que cada vez son menos, y los pocos que hay, se marchan al extranjero buscando empleo. ¿Quién va a tener hijos? A largo plazo es un problema demográfico, económico y social muy serio”.

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