lunes, 2 de abril de 2012

¿Por qué los bilingües son más listos?



Por YUDHIJIT BHATTACHARJEE 
Artículo publicado el 17 de marzo de 2012 en The New York Times.

Hablar dos lenguajes en vez de uno tiene un práctico beneficio obvio en un mundo globalizado en expansión. Pero en años recientes, los científicos han empezado a observar que las ventajas de hablar dos lenguas son incluso más fundamentales que estar preparado para conversar con gente de un espectro más amplio. Hablar dos lenguas te hace más listo. Tiene un profundo efecto en tu cerebro, mejora las habilidades cognoscitivas no relacionadas con el lenguaje, incluso es un escudo protector contra la demencia en la ancianidad.

Este punto de vista sobre ser bilingüe es enfáticamente diferente del ser bilingüe a través de muy entrado el siglo veinte. Los investigadores, educadores y hacedores de política consideraron que un segundo lenguaje es una interferencia, hablando en términos cognoscitivos, que obstaculiza el desarrollo académico e intelectual del niño.

Ellos no estaban equivocados acerca de la interferencia: Existe amplia evidencia de que en un cerebro bilingüe ambos sistemas de lenguaje están activos aun cuando él está utilizando solamente un lenguaje, creando así situaciones donde un sistema obstruye el otro. Pero esta interferencia, los investigadores han encontrado, no es una invalidez sino una bendición oculta. Esto obliga al cerebro a resolver conflictos internos, dando a la mente un ejercicio que fortalece los músculos cognoscitivos.

Los bilingües, por ejemplo, parecen que están más adaptados que los monolingües, para resolver ciertos acertijos mentales. En un estudio del 2004 elaborado por la sicóloga Ellen Bialystok y Michell Martin-Rhee, pre escolares bilingües y monolingües fueron requeridos para ordenar círculos azules y cuadros rojos presentados en la pantalla de un computador en dos contenedores digitales – uno marcado con un cuadro azul y el otro marcado con un círculo rojo.

En la primera tarea, los niños tenían que ordenar las figuras por color, situando los círculos azules en el contenedor marcado con el cuadro azul y los cuadros rojos en el contenedor marcado con el círculo rojo. Ambos grupos lo lograron con comparable facilidad. A continuación, los niños fueron requeridos a ordenar por forma, lo cual era más exigente porque requería situar las imágenes en un contenedor marcado con colores contradictorios. Los bilingües fueron más rápidos en ejecutar esta tarea.

La evidencia colectiva a partir de un número de tales estudios sugiere que la experiencia bilingüe incrementa la llamada función ejecutiva del cerebro – un sistema de comandos que dirige los procesos de atención que utilizamos para planear, resolver problemas y para ejecutar variadas tareas de demanda mental. Estos procesos incluyen ignorar distracciones al permanecer enfocados, cambiando la atención de una cosa hacia otra y manteniendo información en mente – igual como cuando recordamos una lista de direcciones mientras conducimos.

¿Por qué estos desórdenes entre dos sistemas de lenguaje activos simultáneamente mejoran estos aspectos cognoscitivos? Hasta recientemente, los investigadores pensaron que la ventaja de los bilingües nace primariamente de una habilidad de la inhibición que ha sido perfeccionada por el ejercicio de suprimir un sistema de lenguaje: Esta supresión, se piensa, ayuda a entrenar a la mente bilingüe a ignorar las distracciones en otros contextos. Pero esta explicación progresivamente parece no ser adecuada, ya que los estudios demuestran que los bilingües ejecutan mejor que los monolingües aun tareas que no requieren inhibición, tales como dibujar líneas en series ascendentes de números distribuidos al azar en una página.

La diferencia clave entre los bilingües y los monolingües parece ser más básica: Una extrema habilidad para observar el ambiente. “Los bilingües tienen que cambiar de lenguaje con frecuencia – hablas a tu padre en un lenguaje y a tu madre en otro lenguaje,” dice Albert Costa, un investigador de la Universidad Pompeu Fabra en España. “Esto requiere mantener la pista de los cambios alrededor tuyo de la misma forma que observamos el ambiente cuando conducimos.” En un estudio comparando bilingües alemanes e italianos con italianos monolingües en observación de tareas, el Señor Costa y sus colegas encontraron que los sujetos bilingües no solamente las ejecutaron mejor, sino que ellos incluso las hicieron activando menores partes del cerebro relacionadas con la observación, indicando que ellos lo hicieron de forma más eficiente.

La experiencia bilingüe aparenta influenciar al cerebro desde la infancia hasta la vejez (y aquí existe una razón para creer que esto también se podría aplicar a aquellos que aprenden un segundo lenguaje en edad avanzada). En un estudio del año 2009 dirigido por Agnes Kovacs de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados en Trieste, Italia, niños de 7 meses fueron expuestos a dos lenguajes desde su nacimiento con sus pares que crecieron con un lenguaje.

En los primeros juegos de pruebas, a los infantes les mostraron sonidos acústicos que anticipaban la aparición de un títere a un lado de la pantalla. Ambos grupos de infantes aprendieron a ver a ese lado de la pantalla antes de que el títere apareciera. Pero en pruebas posteriores, cuando el títere comenzó apareciendo en el lado opuesto de la pantalla, los bebés expuestos al ambiente de doble lenguaje con rapidez aprendieron a cambiar su mirada anticipada en la nueva dirección mientras que los otros bebés no lo hicieron.

Los efectos del ser bilingüe se extienden incluso a los años seniles. En un estudio reciente de 44 ancianos bilingües de español inglés, los científicos dirigidos por el neurosicologista Tamar Gollan de la Universidad de Californa, San Diego, encontraron que los individuos con un alto nivel bilingüe – medido a través de evaluación comparativa de eficiencia en cada lenguaje – fueron más resistentes que otros al inicio de la demencia y otros síntomas de la enfermedad de Alzheimer: El más alto nivel de ser bilingüe, más tardío el inicio de la demencia.

Jamás nadie ha dudado sobre el poder del lenguaje. ¿Quién podría haber imaginado que las palabras que escuchamos y las sentencias que hablamos puedan dejar tan profunda impresión?.

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