viernes, 4 de mayo de 2012

El cáncer en África, un combate a un enemigo sin nombre


En el idioma de Emanuel Adu, el twi, las personas llaman al cáncer de piel que invade sus mejillas y nariz "sasabro", que significa "enfermedad que te carcome".
El ex granjero dedicado al cacao de 73 años llegó al Hospital Escuela Korle Bu en Accra, a kilómetros de su casa, para ser tratado con una de las dos máquinas de radioterapia que hay en todo Ghana.
"Tuve sangrado intenso y secreciones por mi nariz. El médico me dijo que era cáncer, un cáncer llamado melanoma, pero no había escuchado esas palabras antes", explica en el consultorio.
La mayoría de los casi 2.000 lenguajes de África no tienen una palabra para nombrar el cáncer.

La percepción común, tanto en países desarrollados como en desarrollo, es que se trata de una enfermedad del mundo adinerado, donde el alto consumo de grasas, las dietas ricas en alimentos procesados, el alcohol, el tabaquismo y los estilos de vida sedentarios alimentan el crecimiento tumoral.
Pero el de Adu es uno de los cerca de 1 millón de nuevos casos de cáncer que se registrarán este año en África subsahariana, una cantidad que se prevé que se duplicará a 2 millones anuales en la próxima década.
¿Cómo un continente puede esperar diagnosticar y tratar, e incluso luchar por prevenir, una enfermedad que no tiene nombre?
Esa es una pregunta con la que David Kerr ha estado lidiando durante años. Especialista en cáncer de la británica Oxford University y ex presidente de la Sociedad Europea de Oncología Médica, Kerr fundó la entidad benéfica AfrOx en el 2007 para ayudar a los países africanos a buscar cómo prevenir y controlar el cáncer.
"Ha habido algunas campañas maravillosamente efectivas alrededor del sida, la tuberculosis (TB) y la malaria, y por supuesto enfermedades infecciosas como esas son terriblemente importantes", dijo en una entrevista.
"Pero ya hay más muertes en el mundo por cáncer que por sida, TB y malaria juntos", agregó Kerr.
Para el 2030, según previsiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 70 por ciento de la carga de cáncer del mundo residirá en los países pobres, una predicción que Kerr dice que deja a la mayoría de las personas, incluso a muchos médicos, "totalmente asombrados".
"Creen que el cáncer es una enfermedad de los ricos. Pero la realidad es que, en parte debido al éxito en la lucha contra las enfermedades infecciosas, los africanos están viviendo más. Es el precio a pagar porque ahora viven lo suficiente para desarrollar cáncer", añadió.
Para muchas mujeres en África, eso implica que enfermedades como el cáncer de mama y de cuello de útero se hayan vuelto causas comunes de muerte antes de que sus víctimas pudieran aprender sobre ellas, incluso hallar palabras para nombrarlas.
Un estudio publicado en el 2011 reveló que desde 1980 la cantidad de casos de nuevos cánceres de cuello de útero y muertes cayeron sustancialmente en los países ricos, pero aumentaron drásticamente en África y otras regiones pobres.
En general, el 76 por ciento de los nuevos casos de cáncer cervical o de cuello de útero se registran en zonas en desarrollo, y África subsahariana ya presenta el 22 por ciento de todos los casos de ese cáncer a nivel mundial.
La misma investigación halló que algunos de los países más pobres registraron un aumento en los casos de cáncer de pecho de más del 7,5 por ciento anual durante el período de 30 años estudiado: más del doble de la tasa global.
Esos datos no sorprenden a Verna Vanderpuye, oncóloga clínica y consultora en radioterapia del Hospital Korle Bu, donde Adu asistirá a su tratamiento todos los días durante las próximas dos semanas.
"Hay una explosión del cáncer aquí", indicó durante una entrevista en su consultorio.
Debido a las enfermedades que está entrenada para tratar, la oncóloga es un "bicho raro" en Ghana. Es una de los sólo seis médicos entrenados en cáncer que atienden en un país de 24 millones de personas.
Es difícil obtener datos de calidad, pero Vanderpuye señala que los dos principales hospitales equipados para tratar el cáncer en el país -el suyo y otro en el norte, en la segunda ciudad de Ghana, llamada Kumasi- están viendo a entre 5.000 y 7.000 nuevos pacientes con cáncer por año.
"Es apenas la punta del iceberg. Eso son apenas los que realmente van a las instalaciones médicas. No sabemos verdaderamente lo que está pasando en todo el país", indica.
Un sondeo del 2008 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por su sigla en inglés) muestra que los tumores uterinos, mamarios, prostáticos y hepáticos son los más comunes en Ghana. Las tasas de muerte son mucho mayores que en los países ricos, donde los pacientes se benefician de una detección más temprana y de tratamientos más modernos.
Parece una situación dramática. Pero Ghana ha hecho grandes avances. Hasta el 2007, no había oncólogo en el país, y eso aún es lo que sucede en algunas naciones vecinas. Sierra Leona, por ejemplo, tiene más de 6 millones de habitantes y ningún médico especializado en cáncer.
"Los países de la región como Sierra Leona, Togo y Guinea no tienen nada en términos de atención del cáncer", dijo Kerr. "Eso implica que los aproximadamente seis oncólogos ghaneses también tienen que atender a los países vecinos", agregó.
El resultado es que la realidad para muchos en África es que un diagnóstico de cáncer implica una muerte dolorosa y angustiante.
La abrumadora cantidad de casos y la escasez de fondos, médicos y tratamientos hace que sea difícil saber por dónde empezar, dijo Kerr. Pero los expertos en cáncer -extranjeros y africanos- y los pacientes y grupos de defensa señalan que lo que primero se necesita es una mayor concienciación.
Incluso entre lo jóvenes y las personas con educación, el cáncer suele ser un tema tabú.
En la sala de quimioterapia en Korle Bu, la enfermera especializada en oncología Juliana Tagoe explica por qué los pacientes no suelen querer hablar sobre el cáncer.
Muchas personas ven la enfermedad como un castigo espiritual, detalla. "Creen que alguien ha hecho algo malo y ése es el efecto del castigo divino. Se sienten estigmatizados", añadió.
En las comunidades rurales, donde se veneran líderes espirituales y tribales, y es común el uso de plegarias, rituales y remedios herbáceos.
Cuando los médicos llegan a intervenir, los tumores se han expandido y crecido a tamaños poco vistos en los países desarrollados.
Tanto Kerr como Corey Casper, que lidera el Programa sobre Cáncer y Enfermedades Infecciosas de Uganda, asociado con el Instituto de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en Seattle, considera que otro foco de los esfuerzos para combatir esta epidemia de cáncer es la búsqueda de prevención de los cánceres provocados por infecciones.
Si bien muchos cánceres están ligados a factores de estilo de vida, como la dieta poco saludable y el tabaquismo, una gran cantidad -particularmente en África- son causados por infecciones como la hepatitis B y C, que provocan cáncer de hígado, y el virus del papiloma humano (VPH), que causa casi todos los cánceres de cuello de útero.
En las naciones ricas, la introducción de vacunas contra la hepatitis y el VPH ha reducido significativamente los índices de esos cánceres.
Si se pudieran introducir campañas de vacunación contra el VPH en África, los expertos aseguran que el efecto sobre las tasas de muerte y enfermedad sería drástico. Grupos sanitarios están trabajando para obtener dosis a precios bonificados para los países más pobres.

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