sábado, 2 de junio de 2012

Anticuerpos humanizados, medicina personalizada




El vídeo no tiene nada que ver con la información tan interesante que reproduzco a continuación, publicada por CARLOS LÓPEZ-LARREA, JEFE DEL SERVICIO DE INMUNOLOGÍA DEL HOSPITAL UNIVERSITARIO CENTRAL DE ASTURIAS (HUCA) en lne.es. El poner este vídeo se debe a que me ha hecho gracia la version toons + soul que hacen los cracks marketinianos que dirigen la NBA...


Una característica importante de la respuesta defensiva de un organismo consiste en la capacidad de producir anticuerpos frente a agentes extraños. Pero resulta que los anticuerpos, además de contribuir a combatir infecciones, se han revelado útiles como herramientas tanto diagnósticas como terapéuticas. El descubrimiento por parte de los Premios Nobel Georges Kölher y Cesar Milstein en 1975 de los anticuerpos monoclonales propició el desarrollo exponencial de las técnicas inmunológicas.

El procedimiento consiste en desarrollar en el laboratorio grandes cantidades de un anticuerpo único que reconoce un único antígeno (estructura molecular que desencadena la formación de anticuerpos y puede causar una respuesta inmunitaria). Para ello se fusionan linfocitos B de animales inmunizados capaces de producir anticuerpos (ratones fundamentalmente), con células tumorales procedentes de un mieloma (procedente de un tumor sanguíneo) y que fabrican un solo tipo de anticuerpo. Las células híbridas resultantes, llamadas «hibridomas», pueden clonarse y cultivarse «in vitro». De esta forma, un hibridoma produce anticuerpos de un solo tipo, que, al proceder de un único clon, se denomina monoclonal.

Durante las últimas décadas se han producido miles de anticuerpos monoclonales específicos frente a moléculas concretas. Han sido y son enormemente útiles para el diagnóstico clínico de enfermedades de base inmunológica, hematológica, oncológica... Sin embargo, no podían utilizarse como herramientas terapéuticas, debido a que serían rechazados por el propio organismo como un agente extraño, pues provenían de ratones.

El premio «Príncipe de Asturias» de Investigación 2012 ha recaído en los doctores Gregory Winter y Richard Lerner. Sus aportaciones han sido clave para el uso terapéutico de los anticuerpos monoclonales en tratamientos de cáncer y en diferentes tipos de enfermedades. Sir Gregory Winter es un bioquímico pionero en el desarrollo de anticuerpos monoclonales terapéuticos. Él inventó las técnicas biotecnológicas que permitieron «humanizar» de forma parcial o total los anticuerpos monoclonales derivados de ratones. Fundó en 1989 la Cambridge Antibody Technology (CAT), una de las primeras compañías comerciales de biotecnología implicadas en la ingeniería de anticuerpos. Desarrolló dos estrategias exitosas: utilización de librerías de fagos para la generación de anticuerpos monoclonales de alta afinidad, y el uso de ratones diseñados genéticamente para producir más anticuerpos similares a los humanos.

Uno de los fármacos de anticuerpos más exitosos desarrollados hasta el momento ha sido «Humira» («adalimumab») contra el TNF alpa, empleado en el tratamiento de la artritis reumatoide y de la enfermedad de Crohn. Winter ha recibido múltiples condecoraciones, menciones y premios, y es autor de una gran cantidad de patentes y artículos científicos de relevancia.

Richard A. Lerner es un patólogo y químico estadounidense, conocido por su trabajo sobre anticuerpos catalíticos. Se le considera el artífice del avance más importante desde el descubrimiento de los anticuerpos monoclonales: la generación de bibliotecas combinatorias de anticuerpos. La cantidad de anticuerpos monoclonales aprobados por la FDA (organismo estadounidense que da luz verde a los nuevos fármacos) para diferentes patologías -enfermedades reumatológicas, dermatológicas, hematológicas, tumorales, trasplante de órganos, etcétera- está creciendo de forma espectacular en los últimos años. Hoy día es posible diseñar anticuerpos que se unan solamente a antígenos diana, como ocurre con el desarrollo de anticuerpos monoclonales diseñados específicamente para antígenos que se expresan de forma preferente en determinados tipos de tumores. Su efecto sería comparable al de una «bala» terapéutica dirigida frente a esa diana.

Por otra parte, podemos diseñar en el laboratorio anticuerpos quiméricos de diferente tipo para potenciar sus efectos farmacológicos, asociándolos por ejemplo a partículas radiactivas, nanopartículas, inmunotoxinas, etcétera, y que se liberen tras la unión de los mismos a la célula tumoral.

Por consiguiente, se dispone actualmente de un enorme arsenal terapéutico derivado de las tecnologías desarrolladas por los premiados de este año. La identificación de nuevas dianas a partir de la secuenciación genómica de tumores va a ampliar de forma eficaz sus aplicaciones clínicas y su utilización en una medicina personalizada

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