jueves, 6 de septiembre de 2012

Hace 40 años que la sangre salpicó el espíritu olímpico



La masacre de Múnich tuvo lugar el 5 de septiembre de 1972 durante la XX edición de los Juegos Olímpicos de verano. Ese día un comando de terroristas palestinos denominado Septiembre Negro tomó como rehenes a once de los veinte integrantes del equipo olímpico de Israel. El ataque condujo finalmente a la muerte de los once atletas israelíes, de cinco de los ocho terroristas y de un oficial de la policía alemana. La tragedia sería vista en todo el mundo a través de la televisión.

Lo ocurrido en Munich tuvo que ver con el conflicto árabe-israelí. En él estaban implicados principalmente, dos estados: Israel y Palestina. En septiembre de 1970 tuvo lugar un acontecimiento que precipitaría lo sucedido en Munich. Este conflicto sucedió entre Hussein de Jordania, por parte israelita, y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Fue un acontecimiento que marcó mucho el devenir de la OLP y por eso se fundó una organización terrorista palestina con el mismo nombre que el conflicto civil, Septiembre negro. Ellos fueron los que dieron lugar a la masacre de Munich.



Todo sucedió un 4 de Septiembre. Las Olimpiadas ya habían comenzado y los atletas estaban en plena competición. Los atletas de Israel tenían aquel día libre, por lo que se dedicaron a visitar la ciudad y hacer algunas compras. La villa olímpica tenía un gran dispositivo de seguridad. Sin embargo, ocho miembros de la banda armada Septiembre Negro se introdujeron en las instalaciones, a fin de intentar acceder donde se hospedaban los atletas israelitas.

Bien camuflados, con chándal y una bolsa de deporte donde escondían todo el armamento, consiguieron disimular, pasando por deportistas. Ya en la madrugada, Moshé Weinberg, entrenador de lucha israelí, escucho algún tipo de ruido tras la puerta del apartamento. El hombre, de 33 años, observo entonces que alguien intentaba abrir la puerta, en ese momento se abalanzó gritando y alertando sobre la presencia de los terroristas. Moshé no conseguía cerrar la puerta del apartamento, así que intentó atacar a uno de los asaltantes con un cuchillo. Weinberg murió asesinado, su ataque no había dado frutos, pero si su agudo oído y su grito de alerta, que provocó la huida de nueve de los dieciocho atletas israelitas que se encontraban en Munich , el resto se intentaron esconder. Yossef Romano, halterofilista, forcejeó con uno de los terroristas intentando quitarle el arma, sin embargo murió en el intento a causa de un disparo del palestino.

Los nueve atletas que no huyeron fueron secuestrados. En ese momento, los terroristas intentaron negociar con el gobierno israelí la liberación de sus atletas, a cambio de la excarcelación de los presos palestinos en Israel. El gobierno israelí, sin embargo, se negó a negociar con ellos. Finalmente, y después de horas de poco entendimiento entre las partes implicadas, los secuestradores propusieron un acuerdo con las autoridades alemanas que estos simulaban aceptar. Los palestinos demandaban transporte seguro, para viajar hasta El Cairo, capital egipcia.

Cuando tanto secuestradores como sus rehenes llegaron al supuesto aeropuerto, se encontraron con que todo era una trampa. Los terroristas se encontraban en una base militar donde les estaban esperando diferentes francotiradores y diversos militares alemanes dispuestos a derrotar a los miembros de Septiembre Negro. No obstante, la misión fue un fracaso. Los terroristas supieron darse cuenta de lo que sucedía, y allí empezó la masacre. 

Después de diversos tiroteos, acabaron muriendo quince personas, además de los dos israelitas ya asesinados con anterioridad. Anton Fliegerbauer, un policía alemán que se encontraba en una de las torres de control, murió en el tiroteo. Los nueve rehenes israelitas murieron en diferentes momentos del tiroteo, algunos fusilados y otros por la explosión de uno de los helicópteros. Concretamente, estos fueron los halterofilistas Ze'ev Friedman y David Berger, el entrenador de atletismo Amitzur Shapira, el juez de pesas Yakov Springer, los luchadores Eliezer Halfin y Mark Slavin, el entrenador de esgrima Andre Spitzer, el árbitro de lucha libre Yossef Gutfreund y el entrenador de tiro Kehat Shorr. Además, cinco terroristas murieron, mientras que los otros tres fueron detenidos.

Las diecisiete muertes acontecidas la madrugada del 5 de Septiembre de 1972, no afectó demasiado al desarrollo de la XX edición de los Juegos Olímpicos. Sólo se decidió suspender las competiciones que se iban a realizar el mismo día 5, reanudándose las competiciones al día siguiente. Se dijo que el acto terrorista pudo matar a muchas personas aquella noche, pero que no conseguirían cancelar la celebración de las Olimpiadas. Se organizó un memorial al que asistieron cerca de ochenta mil espectadores y tres mil atletas. No obstante, esto resultó un acto de orgullo por parte del gobierno alemán y del COI, lo cual fue criticado duramente por diferentes países.

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