martes, 16 de octubre de 2012

Madre no hay más que una...





Sin duda alguna la persona que más marca nuestra vida es nuestra madre. Desde la elección que ella hace de quien va a ser nuestro padre, el momento de nuestro nacimiento, las circunstancias, y como nos recibe en su vientre… ya están marcando nuestra vida…

La sociedad en su conjunto debe comprender que los niños que vienen al mundo son seres que pertenecen a la sociedad, además de a su propia familia. Por lo tanto es imprescindible empezar a establecer formas de educación para la vida, de esta función básica de ser madre y padre, a las cuales todos los ciudadanos puedan acceder.

La mujer ocupa un lugar central en la familia, esté esta conformada de la manera que esté. La mujer tiene la función más importante en la crianza de los niños por lo tanto la importancia de la mujer en la sociedad debe ser elevada al nivel que le corresponde.

El rol de la mujer y de la madre está casi totalmente denigrado en una sociedad patriarcal donde predominan los valores del poder, la fuerza, el éxito social ya sea material o de prestigio, todos valores negativos, que en general se orientan a la competitividad e incluso pleito por su obtención y que opacan la importancia del amor, la generosidad, el altruismo, la bondad, que son los valores que posibilitan la vida en el planeta, valores que en general son transmitidos mayormente por mujeres. 

La “cultura del odio” está basada en esos valores negativos que han tomado una fuerza descomunal en nuestra sociedad actual. Esto también ocurre por la orientación individualista y egoísta de quienes los sustentan en su mayoría hombres que se contraponen a la predisposición de la mujer a lo colectivo, a la comunicación sensible y afectiva, por su capacidad para ser madre ya lo trae de alguna incorporado en su naturaleza. 

Esto no implica que todos los hombres sustenten esos valores y todas las mujeres los que aquí se expresan, pero son características genéricas de los sexos y sus predisposiciones naturales que deben ser estudiadas a fondo a los efectos de tomar conciencia DE CUALES SON LOS VALORES QUE MANTIENEN LA VIDA Y CUALES LA DESTRUYEN. 

El vínculo de una madre con su hijo (varón) es más importante de lo que pensamos. Durante mucho tiempo se ha transmitido el mismo mensaje en las familias: cuidado con mimar a los hijos y volverlos “niños de mamá”. La creencia de que un fuerte vínculo madre-hijo acabará por transformar al niño en un hombre malcriado, dependiente y mimado: está obsoleta. 

Según los últimos estudios realizados al respecto, se cree que apresurar a los niños a “hacerse mayores”, a “hacerse fuertes y no llorar” puede, de hecho, perjudicar a los niños en su adultez. Sin embargo, mantener un vínculo estable y cercano desde la niñez hasta cuando son adultos, puede realmente beneficiar en muchos aspectos y marcar una diferencia. 

Los bebés varones que no tienen un apego seguro con sus madres tienen más posibilidades de desarrollar problemas de conducta a lo largo de su vida, pueden llegar a actuar en sus relaciones de manera más hostil, destructiva y agresiva. 

Los niños que sienten apego por sus madres tienen mejor rendimiento en el colegio. Cuando la madre se preocupa por la inteligencia emocional de su hijo y la cultiva, le está ayudando a mejorar sus habilidades en la escritura y la lectura, así como a desarrollar un mayor autocontrol en la escuela y en la vida. 

Una relación estrecha con la madre es buena para la salud mental del niño. Los niños con apego a sus madres tienden a no convertirse en estereotipos hipermasculinos. Dejan de pensar que siempre haya que ser “fuertes”, “no llorar”, “no expresar emociones”, o demostrar su masculinidad cada vez que se les presenta un reto. Los niños se mantienen con más flexibilidad emocional y establecen mejores relaciones de amistad, menos ansiedad y depresión a lo largo de su vida que los más niños más resistentes y varoniles. 

Presentan menos conductas temerarias. Aprenden con mayor facilidad a discernir entre lo seguro y el peligro. Es la madre quien, a través de su educación emocional y su estilo comunicativo, logra influir positivamente en la decisión que toma su hijo sobre el alcohol, las drogas y el sexo. 

Las madres más cercanas a sus hijos les están dando la base para el éxito en la vida, tanto en lo personal como en lo profesional. Desde que empiezan a inculcarles los cimientos de la comunicación con: “exprésate, dime lo que te sucede” hasta el no aceptar las conductas adolescentes de desdenes, están ayudando a desarrollar habilidades de comunicación que ayudarán al niño más tarde en su vida, en sus relaciones personales, laborales, etc. 

Cada vez gusta menos el estereotipo hipermasculino que no expresa sus emociones y que descarga su ira cuando y donde lo necesita. Los hombres que crecen queriendo y respetando a sus madres tienden a respetar y querer sin condiciones a sus propias mujeres. Las habilidades de comunicación, de relacionarse, de expresarse, serán igualmente valiosas en el entorno laboral, ya que actualmente se valora más la habilidad de trabajar en equipo, la habilidad comunicativa y la inteligencia social-emocional, que precisamente, son las madres las que ayudan a construir desde que son pequeños.

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