miércoles, 5 de diciembre de 2012

Tras 20 años de SMS, ¿llega su desaparición?




La historia del primer SMS es ya bastante conocida. Decía simplemente “Merry Christmas” (Feliz Navidad) y se lo envió Neil Papworth a Richard Jarvis. El mensaje viajó de un teléfono a otro a través de la red de Vodafone en Reino Unido. Jarvis era ingeniero de Vodafone, Papworth de Sema Group. 

El primer SMS no se envió hasta el 3 de diciembre de 1992, pero la idea de enviar mensajes de texto a través de teléfonos móviles viene ya de principios de los años 80. El primer concepto serio de sistema llegó en 1984, de la mano de los desarrolladores Friedhelm Hillebrand y Bernard Chillebaert.


Ellos crearon un estándar en el que era clave que los mensajes de texto fueran cortos (el Short de SMS) y que hacía posible que todas las redes de telefonía móvil lo pudiesen implementar con tan solo actualizar su software. Así, cuando los usuarios empezaron a utilizar los SMS, ya había muchos terminales y operadoras preparados para poder ofrecer el servicio. 

Los primeros fueron los suecos Telia Sonera en 1993, aunque como todavía no había terminales que pudiesen escribir, el servicio simplemente se utilizaba para notificar a los usuarios de que tenían algún mensaje de voz pendiente. 

Para los SMS tal y como los entendemos hoy como un sistema de mensajes de texto de usuario a usuario hubo que esperar algunos meses más, aunque ocurrió todavía en 1993: fueron los finlandeses Radiolinja. Y también desde Finlandia llegaron los primeros teléfonos que permitían enviar mensajes de texto. Empezaba la fiebre Nokia. 

Eso sí, al principio todo fue despacio, especialmente por la restricción que tenían los usuarios para el envío de SMS: tan solo era posible enviar mensajes a usuarios de la misma operadora móvil. En 1999 desapareció esta limitación en Reino Unido y en otros países y el uso de los SMS se empezó a extender. 

No obstante, todavía faltaba bastante para que esos mensajitos de texto se popularizaran entre la población. Para empezar, los teléfonos móviles de aquella época solo tenían tecnología para escribir números y no letras (ese primer SMS fue enviado utilizando un teclado de ordenador para escribir el texto) y además las tarifas eran todavía bastante caras. Pero el boom llegó y el éxito de los SMS se volvió evidente, tanto en cifras como en influencia en la población. 

La influencia de los SMS en la vida cotidiana de los usuarios y en la tecnología en general es innegable: la expansión de los mensajes de texto ha llevado a crear, por ejemplo, una nueva forma de escribir en la que se intenta optimizar al máximo el limitado espacio que ofrece cada mensaje, una nueva ortografía que trae de cabeza a muchos profesores de lengua. 

Quizá los sms estén en vía de extinción en los países en los que los smartphones han llegado para arrebatar el mercado, pero todavía hay lugares en los que los mensajes de texto parecen tener cierto futuro. La esperanza está en los mercados emergentes, en África, Asia y Latinoamérica, donde todavía hay muchos países en los que la penetración de los smartphones, la banda ancha móvil y el Internet en las casas es todavía bastante baja. 

Cuando por fin con el cambio de siglo llegó el esperado boom del SMS, lo hizo con ganas: en 2002, por ejemplo, se enviaron más de 250.000 millones de mensajes de texto móviles en todo el mundo, según Informa Telecoms & Media. En 2010, los SMS enviados alcanzaban ya los 6,1 billones (193.000 mensajes por segundo), según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. 

La amenaza de las apps tipo WhatsApp es grande y este año en muchos países, por primera vez en la historia, el volumen de SMS enviados decreció. 

El éxito de servicios como WhatsApp o Line, que permiten a los usuarios comunicarse de forma instantánea y gratuita (tan solo tienen que pagar la tarifa de datos de su operadora), está haciendo que los usuarios estén cada vez menos dispuestos a gastarse unos céntimos en enviar un SMS. 

La amenaza de este tipo de apps es tal que hasta las operadoras han decidido meterse en el juego y lanzar su propia propuesta. En España, por ejemplo, la semana pasada llegaba Joyn, la propuesta conjunta de Movistar, Vodafone y Orange con la que intentan luchar contra las apps de mensajería instantánea y voIP. 

Reino Unido no es el único país en el que la amenaza ya se ha materializado. Según Informa Telecoms, también en España, Holanda, China, Corea del Sur y Filipinas los usuarios están enviando menos SMS, por una combinación de la llegada de las apps de mensajería y las tarifas que cobran las operadoras por el envío de SMS. 

El otro claro ejemplo es Twitter: nacido en 2006, en pleno auge de los SMS, no existiría si no fuese por los mensajes de texto. Empezó, de hecho, como un servicio en el que el usuario podía comunicarse vía SMS con un pequeño grupo de seguidores. Pronto el servicio pasó a la web y a las tarifas de datos, pero el límite de 140 caracteres ya era parte de la personalidad de Twitter y no tenía sentido cambiarlo. 

El presente del SMS sigue ofreciendo cifras impresionantes, pero la amenaza de las apps de mensajería instantánea es cada vez más grande. En 2012 se espera que el tráfico global aumente hasta los 6,7 billones (un 13,9% más que en 2011), pero algunos países ya empiezan a ver cómo la amenaza se hace real: en Reino Unido, por ejemplo, en 2011 se enviaron 39.700 millones de SMS, mientras que en 2012 se ha caído a 38.500.

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