viernes, 24 de mayo de 2013

Ha fallecido D. Antonio Puchades, corazón del Valencia y de la selección de los cincuenta.


Precisamente este pasado jueves, en la cena semanal de L'Agrupació de Penyes Valencianistes, donde el invitado era David Albelda, se nombró a Puchades y se ensalzó su valencianismo y sus virtudes futbolísticas y se dijo que los mejores jugadores con el número 6 en la camiseta ché, habian sido Puchades y Albelda. No lo ví jugar claro está... hablamos de los años 50... pero futboleros como mi centenario abuelo, hablan de él maravillas.

Antonio Puchades ha fallecido esta mañana en Sueca (Valencia), donde nació hace 87 años y había vivido siempre. Llevaba algún tiempo recluido en su localidad natal, aunque hasta hace cinco o seis temporadas acudía con frecuencia a Mestalla para presenciar los partidos del Valencia. También fue integrante de la selección española que disputó en 1950 el Mundial de Brasil, fue el corazón de su club y del equipo nacional hace sesenta años, en los últimos cuarenta y la década de los cincuenta del pasado siglo.

Actualmente era uno de los integrantes de la Fundación Valencia CF, pero ya hacía bastante tiempo que no acudía a las reuniones de su patronato. Como jugador ha sido uno de los más emblemáticos de la historia del club.

Denscanse en Paz.

Antonio Puchades Casanova, nacido el 4 de junio de 1925, fue un jugador de una gran fuerza física, que siempre derrochó facultades y que se convirtió en una de las piedras angulares de uno de los mejores equipos que ha tenido el Valencia a lo largo de su historia.

Su trabajo en el centro del campo del equipo valenciano, desde su debut en 1947 hasta su retirada en 1958, le convirtió en un futbolista imprescindible durante aquellas doce temporadas, en las que ganó un título de Liga en 1947, en la que fue su primera campaña en el equipo, y dos de Copa (1949 y 1954).

Debutó en la segunda jornada de la temporada 46-47 en Vigo ante el Celta (1-2) y completó casi cuatrocientos partidos con el Valencia.

Una de las grandes anécdotas de su carrera fue la de aquel primer encuentro, para el que fue convocado por sorpresa y para el que su madre, desconocedora de los hábitos de los viajes de los equipos de fútbol, le preparó ropa y comida para varios días.

No fue un goleador, ya que tan sólo marcó cuatro tantos en Liga y seis en Copa en doce años, pero pronto empezó a ser imprescindible en la línea media del Valencia donde se complementó a la perfección con sus compañeros, pero especialmente con Bernardino Pérez "Pasieguito", un jugador más frío y técnico que él.

Para los que no le vieron jugar y a pesar de todas las diferencias que existen, el tándem Pasieguito-Puchades tuvo una réplica en la pareja Baraja-Albelda del Valencia campeón de los primeros años del siglo XXI.

Puchades fue el prototipo del jugador de la tierra que militaba en el Valencia de aquella época. Fue un hombre muy aferrado a su pueblo, ya que siempre vivió en Sueca, localidad situada a treinta kilómetros al sur de Valencia, en la comarca de La Ribera.

Con la selección disputó veintitrés partidos, un registro considerable para la época, y estuvo en el Mundial de Brasil en 1950, donde la selección española fue cuarta y logró su mejor clasificación histórica hasta el título de 2010.

Puchades jugó todos los encuentros de la selección en aquel Mundial y a su conclusión todavía le quedaba casi una década de fútbol, ya que permaneció en el Valencia hasta 1958, cuando concluyó su carrera con un partido homenaje ante el Olimpique de Niza.

Además de con Sendra, Mañó o Pasieguito, Puchades compartió equipo con otros grandes valencianistas de la época como Vicente Asensi, Ignacio Eizaguirre o Silvestre Igoa, que también estuvieron en Brasil, así como con Epi, Mundo, Amadeo, Seguí o el holandés Wilkes. En el momento de su retirada en el Valencia jugaban Pesudo, Piquer, Mestre, Juan Carlos Quincoces o Fuertes.

Tras doce años en el club valenciano, se alejó del fútbol y se dedicó a sus negocios y a la agricultura en Sueca, donde permaneció hasta el final de sus días.

Puchades ha quedado en el recuerdo del valencianismo por su pundonor, su regularidad y el profundo afecto que siempre mostró hacia el club en el que completó toda su carrera profesional. 


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