miércoles, 19 de junio de 2013

España gana la Eurocopa sub-21 tras vencer por 4-2 a Italia en la final



No me gustan los términos "la rojita", "jogo bonito", "jugón" ni "tiki-taka" (con mis respetos para Andrés Montes). Pero si la selección deslumbró al público y prensa brasileña en la Copa Confederaciones, el pasado domingo por la noche contra Uruguay, también la sub21 se ha ganado el reconocimiento al ganar la Eurocopa de Israel.

Los Isco, Thiago Alcántara, hijo del gran Mazinho, que por cierto, tuvo un detallazo con Canales (que se tuvo que volver a España por lesión) al alzar el trofeo con la camiseta del valencianista, Morata, Koke, De Gea, Íñigo Martínez, Tello, Illarramendi, Muniain, el propio Canales... ya no son el futuro, sino el presente de otra hornada de grandes jugadores españoles que auguran ser dignos sucesores de los campeones europeos y mundiales de la absoluta.

Un estilo de juego tan ambicioso como el de la Selección española no podía tener otro desenlace que la victoria final. España ha sido el mejor equipo desde el pitido inicial del choque ante Rusia hasta el momento en el que los focos se apagaron en el Teddy Stadium de Jerusalén y así, pocos rivales pueden plantar cara y evitar un éxito que estaba escrito en el destino de una generación de oro. El 2-4 final fue el resultado a un trabajo sin un solo pero y al éxito de un grupo que hace todo lo posible por mantener el mejor ambiente posible.

Los buenos jugadores deben aparecer en los momentos de mayor presión, cuando todos los focos apuntan a sus espaldas y cuando los jugadores les miran con la intención de ver como definen un encuentro. Ante todas estas circunstancias apareció Thiago. El capitán no solo porta al brazalete de un equipo plagado de astros del balón, también lidera sobre el césped un combinado de jugadores al que muy pocas fisuras se le pueden encontrar.

En la final jugó Morata de inicio, pero Rodrigo animó desde el banquillo como si su trabajo fuera igual de importante, o más, que el de pelearse con los defensas rivales. Sin alzar la voz, con sus botas negras que apenas llaman la atención, se movió Illarramendi en la medular. Los italianos se encontraron con un muro que no deja de sacrificarse por sus compañeros. Junto al donostiarra Koke, un futbolista que no protagoniza portadas ni titulares, pero es de los que gustan a los entrenadores debido a que sobre el campo, sólo trabaja. Así hasta los 23 miembros, incluyendo a Canales, que han vuelto a ilusionar a un país que, por lo menos, puede estar bien orgulloso de unos deportistas que siguen dando ejemplo cada día.

Ante todos estos ingredientes, el fútbol devolvió todo lo que le dio España en los 90 minutos que duró la final del choque. La ambición por tener siempre el balón, por agradar al espectador y por mirar siempre la meta rival se convirtió en los goles de Thiago, las ocasiones de gol de Morata y las galopadas de Isco.

0 comentarios :

Publicar un comentario