martes, 6 de mayo de 2014

El Théâtre du Soleil; una "utopía" que celebra sus 50 años


El Théâtre du Soleil celebra sus 50 años de utopía "realizable" con el estreno este mes de Macbeth, de William Shakespeare, en su predio de los bosques de Vincennes, al este de París.

La compañia del Théâtre du Soleil (Teatro del Sol) fue creado el 29 de mayo de 1964 como una "Cooperativa obrera de producción" por estudiantes de arte dramático, entre quienes figuraban Ariane Mnouchkine, Philippe Léotard y Jean-Claude Penchenat.

Ganó pronto notoriedad internacional, con puestas a la vez despojadas y grandiosas, que combinan música y danza e interrogan tradiciones orientales sobre las cuales Ariane Mnouchkine realiza una incesante indagación.

La directora, de 75 años y reconocible por su exhuberante cabellera blanca, estará como de costumbre a la entrada de la sala donde se representará la nueva creación, cortando las entradas y dedicando una sonrisa a cada espectador.

Su destino estuvo vinculado desde siempre al espectáculo: su padre, de nacionalidad rusa, era productor de cine y su madre, inglesa, era hija de un actor de la Old Vic Company. La joven Ariane subió a las tablas por primera vez en Oxford, donde su padre la había enviado durante un año.

El Théâtre du Soleil, después de unos años "sin casa ni hogar", se instaló en 1970 en los hangares abandonados de la antigua fábrica de cartuchos (la Cartoucherie), en el bosque de Vincennes, a orillas de París.

Sus inicios son épicos: los actores son verdaderos "okupas", que se instalan sobre lonas bajo los tejados de cristal quebrados.

El elenco encarna desde su nacimiento el espíritu de contestación política, social y cultural que florecería en Mayo de 1968: igualdad de salarios, reparto igualitario de tareas, creación colectiva. Y sigue funcionando así. Sus 75 miembros permanentes ganan actualmente 1.800 euros y participan por igual en la limpieza del lugar o en la preparación de las comida.

"Hemos demostrado que la utopía no es lo irrealizable", dijo Ariane Mnouchkine en una entrevista con la AFP. "Y eso no cambió en lo que hace a la igualdad de salarios, a la precisión, a la cantidad de trabajo que pido de cada uno de nosotros", agregó.

El trabajo colectivo es el rasgo distintivo del elenco: la obra se construye sobre la escena, los papeles no están atribuidos de antemano y el libreto se enriquece con improvisaciones.

Así nacieron especátulos que ya forman parte de la historia del teatro, llevados frecuentemente en giras por todos los continentes.

La primera gran puesta en la Cartoucherie, "1789", atrajo a 281.370 espectadores. Y la última, "Les naufragés du fol espoir", en 2010, fue vista por 100.000, antes de una gira reciente y de la próxima salida de la película (vídeo que ilustra esta entrada).

- Cambiar el mundo -

La Cartoucherie siguió siendo además el centro de numerosos combates políticos. Allí Ariane Mnouchkine realizó una huelga de hambre contra la guerra en Bosnia o acogió a inmigrantes ilegales. La dramaturga nunca renunció a "cambiar el mundo". "Para algunos, esto puede resultar muy cansador", afirma con una sonrisa.

Su nivel de exigencia es proverbial. "A veces nos exaspera con detalles, es muy obsesiva", admite la actriz Hélène Cinque. "A veces nos decimos que tendría que calmarse un poco (...) Pero esta casa no sería lo que es si [Ariane] fuera diferente", agrega.

"La casa": así también se refiere a la Cartoucherie un veterano de la compañía, Maurice Durozier, que realizó durante once años su propio camino antes de volver a los bosques de Vincennes. "En tanto que actor, hay algo que se transmite entre Ariane y nosotros, algo único. Tal vez sea una cuestión de amistad, Ariane no concibe el teatro sin esa dimensión afectiva", comenta.

El sentimiento de adhesión de los actores es total y las rupturas son en consecuencia explosivas. "Uno no puede oponerse a semejante potencia. Si uno no está de acuerdo, se va", reconoce Hélène Cinque. Uno de los grandes actores que partió, Philippe Caubère, ha contado en espectáculos llenos de humor el funcionamiento humano del elenco.

El Théâtre du Soleil creó deseos de emulación en el extranjero. Una de sus obras míticas, "L'histoire terrible mais inachevée de Norodom Sihanouk, roi du Cambodge" (La terrible e inconclusa historia de Norodom Sihanuk, rey de Camboya), fue puesta en escena el año pasado por actores camboyanos. Y Mnouchkine animó en 2005 un taller de teatro en Afganistán, del cual surgió el Teatro Aftaab (Sol, en lengua dari), albergado en la Cartoucherie.

Las finanzas del Théâtre du Soleil son pese a todos precarias. El elenco recibe un subsidio anual de 1,6 millones de euros, pero la principal recompensa de los actores son "la felicidad y la gloria", ironiza Hélène Cixous, coautora de numerosos espectáculos desde 1985.

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